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jueves, 10 de febrero de 2011

Naomi Klein por el Foro





LA ESCRITORA DEL MOVIMIENTO ANTIGLOBALIZACION

Naomi Klein por el Foro

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Autora de diversos libros que cuestionan el sistema económico capitalista, criticó ayer en el Foro Social Mundial de Dakar las soluciones tecnológicas al calentamiento global.



Por Benoît Cros

Desde Dakar


A pesar del escepticismo inicial, el cambio climático causado por los gases invernaderos es hoy una realidad reconocida por la mayoría de la población mundial. Tan así es, que para los antiglobalización el problema no es convencer a la gente sino ofrecer soluciones alternativas para impedirlo. Naomi Klein, autora de diversos libros que cuestionan el sistema económico capitalista, criticó ayer en el Foro Social Mundial de Dakar las soluciones tecnológicas al calentamiento global que se han ido proponiendo a lo largo de los últimos años.

La escritora canadiense considera que se debe acabar con la idea de que la tecnología puede solucionar todo. “Existe la creencia de que podemos dominar la naturaleza y superar cualquier límite”, apuntó. Klein se refirió específicamente a tecnologías como la geoingeniería. Esta especialidad propone diversos dispositivos, como “sombrillas solares”, para limitar la radiación solar, o tecnologías que modifican las nubes para que reflejen más rayos solares hacia el espacio. “La geoingeniería es espantosa”, dijo. “Los científicos que abogan por la geoingeniería no saben hacia dónde nos lleva esto”. “Aunque parezca ciencia-ficción, no lo es, está pasando realmente”, señaló Klein, quien también consideró que se notó cierta “aceleración” de este tipo de ideas desde la cumbre climática de Copenhague, en 2009. “Hay una relación entre el fracaso político de esta cumbre y esta aceleración”, añadió.

El año pasado, los firmantes del Convenio sobre la Diversidad Biológica acordaron establecer una moratoria sobre este tipo de tecnologías “hasta que haya una base científica sobre la cual justificar tales actividades”. Sin embargo, los Estados Unidos son el único país que no ha ratificado todavía este convenio. Naomi Klein se refirió al american way of life que se extendió por todo el mundo a través de la globalización y que está basado en la idea de que “siempre habrá más”. Explicó el mito de la frontera en Estados Unidos. “Pero el mundo no es una frontera sin fin”, aseveró.

Klein explicó que no nos encontramos solamente en una crisis económica y ecológica, sino también en una “crisis del relato”. “Nos cuentan siempre las mismas historias sobre nuestra capacidad de salvar el planeta, nos dicen que no tenemos que lidiar con las consecuencias de nuestros actos ya que siempre habrá una solución”, dijo la activista canadiense. Es la razón por la cual “cuando cuestionamos estas tecnologías, también cuestionamos las estructuras de la sociedad occidental”.

La escritora altermundialista quiso también tener un discurso esperanzador y señaló el ejemplo de Bolivia, “el único país que se opuso al resto durante la Cumbre de Cancún”. Bolivia “ha construido un relato sobre los derechos de la naturaleza”, remarcó Klein. “Nosotros tenemos que reemplazar el relato lineal por un relato circular”, argumentó.

La intervención de Naomi Klein tuvo lugar durante un taller sobre los desafíos presentados por la próxima Conferencia de las Naciones Unidas sobre el desarrollo sostenible, que se hará en Río de Janeiro en 2012, veinte años después de la Cumbre de la Tierra de 1992, que había sido celebrada también en la metrópolis brasileña.

Esta cita seguirá hoy en el centro de atención de los altermundialistas, ya que será objeto de una “asamblea de convergencia”. En estas reuniones se encuentran diversas organizaciones alrededor de un tema con el objetivo de establecer un calendario de movilizaciones. Unas cuarenta asambleas de convergencia están previstas y servirán de preparación a la última asamblea de movimientos sociales que tendrá lugar el último día del Foro.

Durante el taller, Naomi Klein confirmó que está preparando un nuevo libro sobre lo que llama “el acaparamiento de la Tierra”, una manera de ampliar el concepto de “acaparamiento de tierras” practicado por multinacionales en diversas zonas de Africa y América latina. La autora canadiense es conocida por sus dos obras anteriores; No Logo, un ensayo que trata de analizar la influencia de las marcas en la sociedad actual, y La doctrina del shock, donde analiza las condiciones en que el neoliberalismo pudo ser implementado gracias al impacto psicológico causado por desastres naturales o dictaduras militares.

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viernes, 21 de enero de 2011

David Harvey: “Existe una relación entre urbanización y formación de la crisis”.





Domingo, 16 de enero de 2011


“La crisis capitalista...”


Por Natalia Aruguete

Mientras algunos expertos se esmeran en alegar que la actual es una crisis de las hipotecas subprime o el estallido de un capitalismo que se ha financiarizado, David Harvey prefiere hablar de “crisis urbanas”, provocadas por una fiebre de la construcción “sin importar qué”. Autor de Breve historia del neoliberalismo, Harvey no sólo acusa a la desregulación del sector financiero como uno de los factores que llevaron al descalabro actual, sino que advierte que la supremacía del capital concentrado sobre las decisiones políticas seguirá siendo un impedimento para salir de la crisis. En su paso por Buenos Aires, invitado por el Cemop, el geógrafo británico dialogó con Cash sobre las transformaciones del mercado inmobiliario en las últimas décadas, la orientación que tuvo la inversión en infraestructura y la consecuente “acumulación por desposesión”. Frente a un modelo que no es sustentable, Harvey propuso pensar “un nuevo tipo de urbanización”.

Desde su perspectiva como geógrafo, ¿qué conexiones encuentra entre urbanización y esta crisis?

–Una de las cosas que me gustaría enfatizar es la relación entre urbanización y formación de la crisis. En las décadas del ‘50 y ‘60, el capitalismo se estabilizó con una forma de masiva suburbanización: caminos, autos, un estilo de vida. Una de las preguntas es si son sostenibles a largo plazo. En el sur de California y Florida, que son epicentros de la crisis, estamos viendo que este modelo de suburbanización no sirve más. Algunos quieren hablar de las crisis subprime, yo quiero hablar de las crisis urbanas.

¿Qué piensa de las crisis urbanas?

–En la década del ‘80 se pensaba que Japón era una potencia y se cayó en los años ‘90 por la crisis de los precios de la tierra. Desde entonces, no se recuperó más. También existe una preocupación en Estados Unidos de que la crisis inmobiliaria impida la recuperación, pese a los intentos que se hacen. Otra cuestión es que la forma de uso intensivo de la energía requería muchas extensiones de terreno y creaba un estilo de vida de lugares dispersos. Esto está planteando, justamente, un nuevo tipo de urbanización. Lo llamativo es que China está copiando a Estados Unidos, lo que es muy tonto. Uno observa que no es sustentable bajo la crisis ambiental. Existe una alta conexión entre desarrollo capitalista, crisis capitalista y urbanización.

¿En qué medida influyó la transformación del mercado inmobiliario en la crisis de la urbanización?

–¿Dónde puso la gente rica su dinero en los últimos 30 años? Hasta los ‘80, poner dinero en la producción daba más dinero que ponerlo en el negocio inmobiliario. A partir de allí empezó a pensarse dónde poner el dinero para que dé una tasa de retorno más alta. Los mercados inmobiliarios y de la tierra son muy interesantes: si yo invierto, el precio sube, como el precio sube, más gente invierte, entonces sigue subiendo el precio. A mediados de la década del ‘70, en Manhattan (Nueva York), se podía vender por 200.000 dólares un tipo de edificio que ahora cuesta dos millones de dólares. Desde entonces, hubo burbujas de distintos tipos, que se van reventado una a una. Los mercados bursátiles se volvieron locos en los años ‘90. Si uno observa la participación de los distintos sectores en el producto bruto interno de los Estados Unidos, en 1994, el mercado accionario tenía una participación del 50 por ciento en el PBI. En el 2000 subió a un 120 por ciento y empezó a caer con la “crisis puntocom”. Mientras que la participación del mercado inmobiliario en el PBI empezó a crecer, y pasó del 90 al 130 por ciento en el mismo período.

¿Qué opina sobre la orientación que tuvo la inversión en infraestructura en las últimas décadas?

–El capitalismo no puede funcionar sin su infraestructura típica: carreteras, puertos y vías, edificios y fábricas. La gran pregunta es cómo se construyen estas infraestructuras y en qué medida contribuyen a la productividad en el futuro. En Estados Unidos se habla mucho de puentes que van a ninguna parte. Hay intereses muy grandes de los lobbistas de la construcción que quieren construir sin importar qué. Pueden corromper gobiernos para hacer obras que no van a ser de uso para nada.

Un ejemplo de lo que describe es lo que sucedió en España, con el boom de la construcción.

–Una parte de la explicación de la crisis en Grecia y España puede vincularse con estas malas inversiones en infraestructura. Grecia es también un caso típico con los Juegos Olímpicos, grandes obras de infraestructura que ahora no se usan. En los años ‘50 y ‘60, la red de caminos y autopistas, en Estados Unidos, fue muy importante para el mejoramiento de la productividad. Algo similar se observa actualmente en China, con caminos, ferrocarriles y nuevas ciudades, que en los próximos años van a tener un alto impacto en la productividad.

¿Cree qué China está enfrentando la crisis de manera distinta de Estados Unidos?

–Tiene mejores condiciones que otros países, sobre todo porque cuenta con grandes reservas de divisas. Estados Unidos tiene un gran déficit y China, un gran superávit. El otro problema en Estados Unidos es político.

¿Cuáles son los factores políticos que dificultan salir de la crisis?

–Quien intenta construir obras de infraestructura útiles es acusado inmediatamente de “socialista”, que es lo que está sufriendo Barack Obama. En China eso no importa porque tienen otras condiciones políticas. El gobierno en China es autoritario y puede poner las cosas en su lugar. En el caso del Congreso norteamericano está dominado por grupos republicanos y demócratas que manejan intereses económicos y las condiciones para tomar decisiones son otras.

Se deduce una diferencia en la relación entre el poder político y el poder económico en estos países.

–En China, por efecto de la crisis americana, la respuesta fue hacer grandes proyectos de infraestructura de inmediato. Además, el gobierno centralizado de China tiene enorme poder sobre los bancos. Dio la orden: “Den préstamos para estas obras a gobiernos municipales y a los privados que estaban haciéndolas”. El gobierno central de los Estados Unidos no puede hacer eso. Se mantiene diciéndoles a los bancos: “Presten” y los bancos dicen: “No”. China está creciendo a ritmos del 10 por ciento después de la crisis y Estados Unidos está por el piso.

¿Cuáles son las fallas institucionales que han llevado a esta crisis?

–Desde la década del ‘70 hubo una idea dominante de que la respuesta era privatizar. Hay muchas alternativas para que el sector público provea mejores servicios que el sector privado.

¿Cree que esta concepción también penetró en el sistema financiero?

–En Estados Unidos, en la década del ‘30, los bancos de inversión estaban separados de los bancos comerciales. En los últimos años se permitió que se unieran. Es un caso de cambio regulatorio, donde el Estado se retira del control.

¿Cómo evalúa el tipo de regulaciones que se propusieron implementar a partir de la crisis?

–Hay una teoría llamada “captura regulatoria”. Supone poner a las gallinas a ser controladas por los zorros. Si uno mira las formas regulatorias propuestas hasta ahora, se da cuenta de que los zorros están ganando y eso es porque los zorros controlan también el Congreso de los Estados Unidos.

¿Hay diferencias entre las políticas impulsadas en los Estados Unidos y en Europa?

–Sí, hay diferencias. Uno de los temas que estoy estudiando es justamente las diferencias que hay en distintos lugares. Por ejemplo, en América latina la reacción de los gobiernos fue mucho más sensible a la crisis que lo que se observa en los Estados Unidos y Europa. En Europa hay un gran conflicto entre los países más grandes y los más chicos. Alemania, que por razones históricas tiene una obsesión con el tema de la inflación, impone el tema de la austeridad. El triunfo de un gobierno conservador en Inglaterra también fortalece la idea de austeridad. Por eso, no sorprende que Europa esté estancada, mientras China está creciendo fuerte.

¿Qué impacto tienen las políticas de austeridad?

–La austeridad es algo totalmente erróneo. En primer lugar, por las diferencias de impacto entre clases sociales. En general, las clases más bajas son las más damnificadas. Además, las clases más bajas, cuando tienen dinero, lo gastan, mientras que las clases altas lo usan para generar más dinero y no necesariamente para hacer cosas productivas.

¿Por ejemplo?

–Muchos ricos de los Estados Unidos compraron tierras en América latina. Esto llevó al aumento del precio de la tierra. En el largo plazo, debemos pensar cómo puede vivir el mundo de acuerdo con sus recursos. Eso no significa austeridad, sino una forma más austera de vivir, que no es lo mismo.

¿En qué se diferencian?

–Deberemos pensar qué es lo que realmente necesitamos para tener una buena vida, y muchas de las cosas que pensamos del consumo son una locura; es dilapidar recursos, naturales y humanos. Tenemos que pensar cómo hacemos en el largo plazo para que 6800 millones de personas puedan vivir, tener vivienda, salud, alimento para que tengan una vida razonable y feliz

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sábado, 19 de junio de 2010

Los mercaderes y el templo


Domingo, 13 de junio de 2010


Los mercaderes y el templo

Algunos lo critican por sensacionalista, otros por manipulador, otros por simplista, pero lo cierto es que Michael Moore parece haberse convertido en el radiólogo más humano de su país: la violencia en Bowling for Columbine, la mentira política en Fahrenheit 9/11, el desamparo estatal en Sicko. Tras la explosión de la burbuja inmobiliaria y el crac del sistema financiero, estrena Capitalismo: una historia de amor, un documental que retoma lo mejor de su obra y vuelve al escenario de su primer documental.




Por Hugo Salas

Desde el estreno de su primera película, Roger & Me, en 1989, Michael Moore se convirtió en un referente indudable dentro del universo cinematográfico, lo que incluso llevó a que se intentara sumarlo a la industria del entretenimiento con la serie televisiva The Awful Truth, 24 desiguales episodios emitidos entre 1999 y 2000. El éxito comercial de Bowling for Columbine (2002), totalmente desusado para los parámetros de un cine que podríamos llamar “documental”, no tardó en granjearle tanto entusiastas como detractores. Mientras que algunos lo consideran un activista decidido, valiente e incluso uno de los pocos representantes del periodismo independiente dentro de los Estados Unidos, capaz de llegar a grandes segmentos de la población, muchos críticos y colegas lo tildan –palabras más, palabras menos– de payaso egocéntrico capaz de distorsionar la verdad sólo para ajustarse a su discurso activista, al tiempo que otro grupo, más sofisticado, lo acusa de ingenuidad ideológica y voluntarismo político.

La incomodidad que supo generar en el público estadounidense con Fahrenheit 9/11 (2004), sobre las consecuencias e implicancias políticas de la célebre serie de atentados, en un momento en que ese público –en su gran mayoría– no estaba muy dispuesto a discutir tales temas, no se vio para nada aliviada por el tratamiento ciertamente hiperbólico y en ocasiones falaz que dio en Sicko (2007) a la problemática del sistema de salud y su relación con las industrias farmacológicas y de seguros. Tal vez esto explique por qué su película siguiente, Captain Mike across America (2007), sobre la creciente conciencia política entre los jóvenes universitarios, no tuvo siquiera estreno comercial en nuestro país.

En efecto, hizo falta la gran crisis del sistema financiero y el negociado de las hipotecas para que Moore volviera a lo mejor de Roger & Me, dejando de lado la preocupación por el impacto que sesgara su producción desde Bowling for Columbine. Sin renunciar al sentido del humor paródico y la protesta del solitario hombrecito enojado que han constituido desde siempre su sello distintivo, Capitalismo: una historia de amor (2009) lo muestra en su mejor faceta, una que obliga a analizar nuevamente el sentido de su cine en la industria contemporánea.

Desde sus primeras imágenes, la película parte de una idea que probablemente irrite a los pensamientos más sutiles: el paralelismo entre el Imperio Romano y la actualidad política de Estados Unidos. Se trata, sin duda, de una visión peregrina que hace flaca justicia a la historia, pero a decir verdad tampoco se la toma demasiado en serio, como lo prueba el empleo del absurdo en el montaje paralelo que propone entre la película pedagógica sobre historia antigua y las imágenes periodísticas de hoy. El sentido de la secuencia, en realidad, no parece ser el de ilustrar una idea (como sí se hará con otras más adelante) sino meramente hacer reír, permitirse un chiste, establecer un lazo de comunicación y complicidad con el espectador.

Este, como tantos otros procedimientos, forma parte del repertorio que le ha valido al director el mote de “manipulador” entre los partidarios de un purismo documentalista según el cual estas imágenes deben dejar ver al espectador “por su propia cuenta” algo que se materializaría ante su mirada en la transparencia misma de la realidad capturada por la cámara (idea que comparten con cierto realismo ampliamente extendido en el ámbito cinematográfico). Créase o no, entre quienes esto sostienen se cuentan también quienes lo acusan de “ingenuo” en su pensamiento político, por pretender (como lo ha hecho siempre) deslindar la democracia, en tanto sistema político, del capitalismo; de allí, dicen, el sesgo individualista y liberal de su cine. Una y otra imputación, sin embargo, parten de un error fundamental: suponer que Moore hace cine documental, un cine que sólo pretenda acercar al espectador una visión analítica y como mucho bienintencionada del mundo.

A decir verdad, después de más de 20 años de carrera, el señor merece algo más que el beneficio de la duda. De hecho, su modelo no es siquiera fácilmente transferible a otras realidades, contextos ni propósitos que aquellos para los que fuera ideado. Ocurre que, antes que “documental”, entendiendo por ello una expresión que meramente registra y da cuenta, la producción de Moore se alinea directa y decididamente en el campo del cine político, y quizá sea uno de los pocos continuadores, en la actualidad, del cine de agitación y propaganda tan extendido durante fines de los años ’60 y la década de los ’70, de Francia (con los prestigiosos Cinétracts y el emblemático grupo Dziga Vertov de Godard-Gorin) a la Argentina (con La hora de los hornos, Los traidores y Operación Masacre).

Al igual que en sus célebres predecesores, Moore parte de análisis sesgados y voluntariamente parciales de la realidad para llegar a consignas que provoquen la reacción y la acción política directa del público. Esto resulta palmario en el final de Capitalismo..., donde luego de una de las clásicas intervenciones solitarias de Moore (que rodea algunas de las principales instituciones financieras de Wall Street con la conocida faja de escena del crimen y les grita por megáfono a sus directivos que se entreguen), su voz en off dice directamente a los espectadores, como grupo, que ya está cansado de hacer estas cosas solo y les pide que se le sumen, y que por favor lo hagan rápido. Desde ya, este llamamiento puede parecer tibio o pequeño al lado del fuego purificador de la revolución que se reclamaba en los ’70, pero cabe reconocer también que mientras aquel cine le hablaba a una sociedad donde la insurrección civil y la acción directa eran realidades vivas y palpables, hace ya dos décadas que Moore viene intentando hacer agitación y propaganda con el cine en el lugar menos pensado, en el marco de una sociedad donde la noción misma de desobediencia civil llegó a igualarse en la complicidad con el terrorismo.

Es cierto: su modelo de “cineasta solo contra el mundo” está imbuido de individualismo liberal de la cabeza a los pies, y sus análisis –a veces inmediatos y palpables– evitan las grandes complejidades macroestructurales de los problemas que plantea. Pero antes de tildarlo meramente de ingenuo conviene hacerse una pregunta: ¿era posible otro modelo de cine político en Estados Unidos? Si su intención no era, como suele ocurrir muchas veces, hablarles a los ya convencidos, ni ilustrar sobre las ventajas de otro modelo de vida a quienes tenían en su poder los muy escasos carnets del Partido Socialista estadounidense, sino antes bien sumar, convencer, persuadir a un público probablemente manipulado por otro discurso ideológico... ¿tan ingenuos resultan los procedimientos destinados a generar empatía, complicidad e identificación?

Por otra parte, queda analizar la base de su discurso actual. Durante sus dos horas de duración, Capitalismo... en efecto deslinda la noción de democracia del sistema capitalista, tal como es entendido en la actualidad (como capitalismo financiero); incluso llega a decir que el gran capital funciona como una mafia que ha suplantado al Estado, para ligar entonces la idea de una verdadera democracia a los propósitos del estado de bienestar, tal como fuera entendido y presentado en los discursos de Roosevelt (trabajo, salario digno, vivienda, salud, educación y jubilaciones), permitiéndose incluso señalar, a raíz de la candidatura de Obama y el miedo que los medios intentaron instalar, que los estadounidenses pobres –muchos más que los ricos– ya no parecen tenerle tanto miedo a la palabra “socialismo”, como así también el re-surgimiento del cooperativismo como modelo de producción. Es verdad, no llama a la revolución bolchevique, la destrucción de la propiedad privada de los medios de producción, la reforma agraria, ni la constitución de los soviets; pero, a decir verdad, no hay muchas izquierdas, en ningún lugar del mundo, que alienten lejos de la retórica partidaria programas más extremos que éste, y mucho menos en Estados Unidos.

En el medio de este alegato, Moore no vacila en destruir la sólida ligadura entre el discurso cristiano y el capitalismo que se construyera durante la administración Bush, y para eso trae a su película al discurso religioso, con curas de cuerpo presente señalando que otra organización económica es posible y que el capitalismo es moral y cristianamente condenable. Es más: con un obispo dando la eucaristía a los trabajadores en una fábrica tomada. ¿Debemos inferir de ello que Moore es un gordo ingenuote estadounidense y además un chupacirios, traidor de la clase obrera que pretende sumergirla en el opio por antonomasia? ¿O que se trata de un activista que, reconociendo la influencia del discurso religioso sobre aquellas personas a las que trata de convencer, en vez de desestimarlo, recurre a él? Desde ya, su propuesta no queda exenta de los debates éticos que subyacen a la acción política, pero merece mayor análisis que la condescendencia desde el debate de café.



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jueves, 20 de mayo de 2010

NUEVA HISTORIA DE LAS GRANDES CRISIS FINANCIERAS:UNA PERSPECTVA GLOBAL, 1873-2008


CICLO DE CONFERENCIASDE HISTORIA LATINOAMERICANA


MIERCOLES 9 DE JUNIO, 11 HS.
Facultad de Ciencias Sociales/UBA/SEDE RAMOS MEJÍA
AUDITORIO
ORGANIZAN:
Cátedra Cicerchia: HISTORIA LATINOAMERICANA,
CARRERA DE CIENCIA POLÍTICA,
FCSOC, UBA
SEPHILA,
INSTITUTO RAVIGNANI, UBA
CONFERENCIA:
NUEVA HISTORIA DE LAS GRANDES CRISIS FINANCIERAS:UNA PERSPECTVA GLOBAL, 1873-2008
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martes, 4 de mayo de 2010

1er Encuentro Regional sobre Pobreza. Programa




1er Encuentro Regional sobre Pobreza
Acciones, experiencias y representaciones sociales. Una mirada desde el contexto actual

Tucumán - 6, 7 y 8 de Mayo de 2010
Centro Cultural Eugenio Flavio Virla


JUEVES 6
8.30 hs. Acreditación
10.00 hs. Apertura del Encuentro

11.00 hs.
Conferencia: "La pobreza un problema integral"
a cargo de Lucia Alberti Presidenta de ONGs pro-onu

11.30 hs. Reinauguración de la Muestra Fotográfica “Nuestra Pobreza”- de Julio Pantoja

15.00 hs Mesa Panel 1. - "Pobreza, salud, vivienda y medio ambiente" A cargo de: Dr. Roque Carrero Valenzuela- C. Bioetica UNT
Dra. Rosa Sims – Medica Hospital de Niños
Arq. Adriana Assaf
Cecilia Laskowski – Grupo THIERRA
Coordina: Dra. Nora Vasquez de Argiro

15.00 hs Mesa Panel 2.- "Pobreza, droga y violencia urbana" A cargo de: Mercedes Vega Martínez –Investigadora UBA
Dra. Lucia Ferreira - UNT
Dra. María Inés Avellaneda – Defensora de Menores – Tucumán
Gonzalo Alarcón – Programa de Prev. En Jóvenes- Chile
Coordina: representante PUNA

17.00 hs.- Intervalo / Café
17.30 hs. Trabajo en Comisiones

VIERNES 7

9.00 hs. Mesa Panel 3 “Pobreza Rural, Economía y Desarrollo” A cargo de: Lic. Rubén De Dios - Funda Paz -Santiago del Estero
Lic. Hugo Ferullo - UNT
Arq. Beatriz Garzon – UNT
Soledad López - Asociación de Pequeños Productores de “Alto Verde”
María Cristina Juarez - Coop. de Trabajo El Sacrificio
Coordina: Elizabet Villagra

9.00 hs. Mesa Panel 4 “Pobreza Derechos Humanos, Identidad y Representaciones” A cargo de: Claudio Morgado – INADI Nacional
Lic. Ana Gonzalez – Secretaría de DDHH- Nacional
Representante de Organismos de DDHH – Tucumán
Dra. Alicia Noli – UNT
Coordina: Dr. Oscar Flores

9.00 hs. Mesa Panel 5 “Pobreza, educación, cultura y arte” A cargo de: Rossana Nofal
Daniel López
Prof. Ingeniero Mario Grasso – Coord. Escuelas Experimentales de la UNT
Jorge Ruiz de Huidobro – Música Esperanza
Sergio Osorio – Mate Cocido
Coordina: Claudia Ferreira - Comisión de Educación y Cultura

10.30 hs. - Intervalo – Café
11.00 hs.- Trabajo en Comisiones
15 hs.- Taller sobre “Resignificación de la intervención social en Pobreza”
15.00.- Trabajo en Comisiones
17 hs. Intervalo/café

17.30 hs.
Conferencia : “Itinerarios y situaciones de pobreza: propuestas epistemológicas y metodológicas y representaciones sociales".
A cargo de Dra. Irene Vasilachis de Gialdino- Investigadora CONICET

19.00 hs Corto “Pochohormiga” Documental de F. Matiozzi- Escuela de Cine de Rosario

SÁBADO 8
9.00 hs Trabajo en comisiones – Conclusiones

11.00 hs
Conferencia: “Gobierno Corporativo y responsabilidad social de la empresa entorno a la pobreza”
a cargo del Dr. Fernando Gascón Universidad de Salamanca

11.30 hs. Plenario de Cierre – Lectura de conclusiones – Firma de Actas
13.00 hs. Entrega de certificados

Inscripción sin cargo. Se entregarán certificados.


El encuentro está organizado por la Secretaría de Extensión Universitaria, la subsecreatria de Extensión y el Consejo de Extensión de la Universidad Nacional de Tucumán y cuenta con el auspicio de la Organización de las Naciones Unidas.
Contacto y mayor información:
25 de Mayo 265 1er piso – (4000)
San Miguel de Tucumán
Tel (0381)–4218077
http://encuentropobreza.blogspot.com/

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¿Hacia una nueva reconfiguración de lo global/nacional? Historia, repetición y salto cualitativo1


CUADERNOS DEL PENSAMIENTO CRITICO LATINOAMERICANO

¿Hacia una nueva reconfiguración de lo global/nacional? Historia, repetición y salto cualitativo1




Por Margara Millán

Socióloga y doctora en antropología. Investigadora del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (CELA-FCPyS/UNAM).

Esta intervención intenta ser una puesta en balance de procesos que en la última década han hecho más visible la crisis civilizatoria que define nuestro tiempo presente. Obedece a la necesidad de preguntarse cómo pensar hoy nuestro tiempo, un tiempo común en el cual perviven y se reproducen diferencias sustanciales y de diverso signo, no sólo diferencias negativas (injusticias, pobreza) sino también diferencias positivas por su negación a incorporarse plenamente a la dinámica totalizante de la producción capitalista.

Dos ejes guían estas reflexiones. Por un lado, reconocer la fuerza del capital como relación social que se impone en el proceso reproductivo de la modernidad, a pesar de la conciencia cada vez mayor del riesgo que comporta en su camino, el de llevar a la humanidad a la catástrofe. Por otro lado, la persistencia de movimientos y agencias sociales que enfrentan el (des)orden de cosas existentes, y que en este enfrentamiento, ya sea a través de la protesta, la insurgencia, la resistencia organizada o la ensoñación de otro estado de cosas, prefiguran lo que se ha ido denominando “otro mundo posible”.

En este entramado recién descripto, un registro imprescindible es la relación dialógica entre lo local (nacional) y lo global; donde lo local puede ser la referencia excéntrica al Estado-Nación, simultáneamente a la referencia nacional en relación al sistema mundo. Vivimos una época de grandes acumulaciones teóricas y prácticas en el esclarecimiento de los contenidos de la emancipación humana, así como de sus principales obstáculos. Desde múltiples vectores de subordinación y opresión se han ido articulando conocimientos que aportan a la configuración de lo que sería el otro mundo posible. El feminismo crítico y decolonial, las ecologías de saberes, la práctica de la interculturalidad no colonizante, las experiencias de síntesis colectivas orientadas a la autodeterminación, las experiencias de economías solidarias y la práctica de lógicas de reciprocidad son algunos referentes para pensar hoy de una nueva manera a la comunidad humana y sus caminos emancipatorios. Son algunas maneras de andar hacia una realidad incierta y experimental, donde haya un re-encuentro con la naturaleza humana y no humana. Eso que queremos denominar poscapitalismo.

Al mismo tiempo, encontramos poderes económicos y políticos ultraconcentrados, nos acercamos a los límites de la crisis medioambiental, presenciamos el agrandamiento de las desigualdades sociales, los límites de la política en las democracias capitalistas, la tozudez de un entendimiento del mundo como mero presente, de una noción de la historia como una competencia hacia una cumbre ilusoria. Se trata de un tiempo sin duda singular, que llama a la acción y a la invención de otros horizontes.

CRISIS DEL MODELO DE LA MODERNIDAD REALMENTE EXISTENTE Y SUS POLITICAS DE RECONSTITUCION
Adhiero a una concepción de la modernidad que la sitúa como una forma histórica de totalización civilizatoria de la vida humana, cuyo origen se remonta a un momento de la civilización europea en el que, a partir de un cambio tecnológico indetenible, se inicia una transformación de la relación del ser humano con la naturaleza. Esta transformación se basa en “una organización del conjunto de la vida humana que se guía por lo que se conoce como el progreso de las fuerzas productivas y de la técnica” abriéndose un horizonte de abundancia que aparece por primera vez en la historia humana (Echeverría, 1995).

Dos procesos coadyuvan y acompañan a esta configuración capitalista de la modernidad: por un lado, la invención del otro, el bárbaro, el salvaje, el indio; esta construcción del otro inicia con la invención propia de Europa adentro de Europa, el des-cubrimiento de América, la “invención de América”, el orientalismo, en una compleja construcción de referencialidad mutua en la cual se genera la hegemonía de lo que llamamos “lo occidental”, también el norte (o lo norte). En este proceso, la idea de civilización como colonización se despliega como una idea-fuerza que de distintas maneras llega hasta nuestros días.

El otro proceso que constituye la configuración de esta modernidad capitalista es la que podríamos enunciar siguiendo a Horkheimer y Adorno, en la forma y el sentido patriarcal: “en que el intelecto que vence a la superstición debe dominar la naturaleza desencantada. [En que] el saber, que es poder, no conoce límites. […] La técnica es la esencia de tal saber [que aspira] al método, a la explotación del trabajo de los otros, al capital” (1969: 60).

Instrumentalidad radical, invención-objetivación del otro, pasan por el vector diferencial de género que deja de ser una diferenciación con jerarquía de complementariedad, para pasar a ser la primera forma de diferenciación jerarquizada hacia la subordinación.

Al propio objeto de la crítica de la economía política, esto es, la construcción de la actividad humana como trabajo sujeto a la explotación, se le agregan los procesos de colonización, androcentrismo, racionalismo, heteronormatividad, como los fundamentos cada vez más evidentes y contestados de la modernidad capitalista.

Estos fundamentos complejos re-modelan el sentido de la vida misma, anteponiendo la valorización del valor, la presencia y la vida del “hecho del capital” sobre lo que podemos denominar el mundo “natural” de la vida, es decir, sobre los seres humanos concretos. El sentido mismo de lo humano aparece desde entonces como un campo en disputa, como un dilema por resolver o, al menos, como un proyecto inconcluso y en constante tensión.

Walter Benjamin usa el concepto de “ensueño” o de “mundo soñado” en su consideración de que la modernidad es el nuevo embelesamiento del mundo. Esta dimensión propiamente del imaginario cultural de la modernidad es retomada por Susan Buck-Morss para avanzar una idea que a mi parecer es muy clarificadora. Ella plantea que en contra de la idea generalizada y simplista de la victoria de occidente en la guerra fría y el triunfo del capitalismo sobre el socialismo, “el experimento histórico del socialismo se encontraba tan profundamente arraigado a la tradición modernizante occidental que su derrota no puede sino poner en tela de juicio la totalidad de la narrativa occidental” (Buck-Morss, 2004: 16).

Es el sueño desarrollista de la modernidad el que se pone en juego. Pero el sueño desarrollista no sólo es el que se centra en el industrialismo para resolver el dilema de la humanidad. Se acompaña de una forma política, un dispositivo que funciona articulando la totalidad de manera antagónica, formando bloques en competencia y creando continuamente al enemigo contra el cual las políticas de Estado requieren de la seguridad nacional, la centralización del poder político y el tutelaje de “las masas”.

La puesta en cuestión de la totalidad de la narrativa occidental por el fin de la guerra fría se recompone entonces a través de otras narrativas que adquieren centralidad, y que permiten, ¿hasta cuánto tiempo más?, el decurso de la modernidad desbocada. Si la guerra fría para el llamado tercer mundo implicó la intervención militar directa, el apoyo irrestricto a regímenes de derecha, las presiones económicas, la desestabilización y los golpes de estado a los gobiernos no alineados, la era del “libre” mercado global reinscribió la lógica del enemigo, sin eliminar del todo la anterior. Las nuevas guerras contra el narcotráfico y, tras septiembre de 2001, contra el terrorismo, donde, como se ha visto, se legaliza (y reifica) la tortura, son parte de esta rearticulación del horizonte del antagonismo.

Las llamadas políticas de “seguridad nacional” que permiten la violación cotidiana de los derechos humanos de las poblaciones, la judicialización y criminalización de los movimientos sociales de protesta o en resistencia, la represión selectiva y desaparición de dirigentes sociales, la militarización y paramilitarización del campo y las ciudades en la gran mayoría de nuestros países son las características de lo que el zapatismo ha identificado como la cuarta guerra mundial. El Estado neoliberal toma la forma de un Estado democrático de excepción, que protege a los ciudadanos con el ejército y nuevas policías de élite, lo cual sólo garantiza la ecuación que dice: a mayor seguridad nacional menos derechos humanos y civiles.

Nuestros gobiernos neoliberales llevan al punto el nuevo modelo de acumulación por desposesión (Harvey, 2005), como sabemos: el borramiento de los límites entre Estado y corporación privada, que ha tenido como fin una gran transferencia de la riqueza pública a manos privadas de corporativos multinacionales, entre otros medios a través de un creciente endeudamiento; el ahondamiento de la brecha entre los inmensamente ricos y los pobres muy pobres; la categoría de poblaciones dispensables, de territorios dispensables; y un nacionalismo agresivo que gasta mucho en defensa y seguridad y en propaganda televisiva y mediática, para no gastar en educación y salud. Por supuesto, en esta forma de poder estatal, las poblaciones están impedidas de constituirse en parte de la socialidad instituyente de formas de vida y de política, a la vez que son lanzadas a resistir y enfrentarse con poderes globales que son los que imponen y gestionan los mega proyectos que constituyen la actual propuesta de “desarrollo”, a veces incluso, propagandizados como “desarrollo eco-sustentable”.

El Estado neoliberal, por su propia naturaleza, demanda la autoorganización de la sociedad a través de programas que fomentan redes populares y agrarias reinscriptas en un nuevo modelo de control asistencial. Junto con los trabajadores desaparecen sus derechos, y aparecen en cambio los programas de solidaridad de un asistencialista, en mi país (México) bajo el logo de “para vivir mejor”. El Estado neoliberal en América latina reinscribe muy rápido y de manera ultraeficientista en su propia retórica las demandas de la sociedad civil. Retomando las consignas de solidaridad, del “vivir mejor”, de inclusión y de equidad (incluso de género), establece los mecanismos para no reconocer derechos, trasladar responsabilidades al ámbito ambiguo del altruismo y el tercer sector y, además, convertir a los movimientos sociales en contenciosos.

LAS CONTESTACIONES AL PRESENTE ESTADO DE COSAS
El modelo de acumulación por desposesión se caracteriza por la lucha por el espacio urbano, la tierra y el territorio. Al despojo y desposesión de recursos naturales, del territorio, del paisaje, de los centros ceremoniales, acompañan los procesos de desposesión por endeudamiento, manipulación del crédito y acciones, la evanescencia de las bolsas. Se trata entonces no sólo de una empresa neoliberal, sino también neocolonial y neoimperial, como muchos autores han señalado.

Para América latina, ello implica un vuelco hacia el modelo extractivista –la minería, los hidrocarburos–, y al modelo agro-productor con las bio-tecnologías, como el modelo sojero, lo cual implica una lucha por el territorio en lo que puede ser entendido como una expansión de las fronteras y una reactualización de la tipología del enclave, directamente vinculado con el centro (Svampa, 2009). Los mega-proyectos, avalados por los consorcios mediáticos como ruta para “descubrir” nuestras riquezas, ya sea como el “tesoro escondido” en la campaña mediática de Felipe Calderón para avanzar su proyecto de privatización del petróleo en México, o como las reconfiguraciones exotizantes del eco-turismo que se muestran como aliadas de la naturaleza; proyectos que tienen en común no tomar en cuenta a las poblaciones implicadas, con las cuales, sin embargo, generalmente se topan en procesos organizativos de resistencia.

Todo lo hasta aquí descripto reactualiza la noción de territorio y moviliza resistencias de diversa índole: la guerra del gas y la del agua en Bolivia; los ahorristas, asambleístas y piqueteros en Argentina; la negativa de la comunidad de Atenco a vender sus tierras para la construcción de un mega aeropuerto en México; la toma de Oaxaca capital por un movimiento magisterial que rápidamente se convierte en la Asamblea popular de pueblos de Oaxaca, Appo; el enfrentamiento en defensa de la Amazonia peruana en la zona de Bagua en junio 2009; por mencionar algunos movimientos y sólo de este continente que defienden sus derechos a formar parte de la definición y puesta en práctica del modelo de desarrollo.

Lo que es nuevo, a mi parecer, es que estas resistencias locales muy pronto se convierten en alientos globales de un horizonte aún fragmentario de eso que se denomina ya otro mundo posible. Como sabemos, los movimientos sociales son prácticas y discursos que intervienen en la arena de “lo político”, modificando los imaginarios colectivos y ampliando los espacios de la representación del mundo. Esto provoca transformaciones en los sujetos que participan en ellos, a través y en contra de las sedimentaciones socio-subjetivas que los conforman. Los movimientos sociales son intervenciones tendientes a modificar la interpretación del orden nacional e internacional, local y global, y muy singularmente también, intervenciones en lo cotidiano, conformando marcos éticos, identitarios y subjetivos otros, siendo el asidero de lo que podríamos denominar un nuevo horizonte civilizatorio:

Una actitud ética de resistencia y rebeldía frente al modo capitalista de la vida civilizada […] una toma de partido por el “valor de uso” de la vida y la forma “natural” de la vida humana [y de la vida toda] y en contra de la valorización capitalista del mundo y esa vida (Echeverría, 2006: 263).

En este contexto, los movimientos sociales han sido novedosos porque dan cuenta de una nueva heterogeneidad de los sectores subalternos, de las clases medias populares, un contorno multiorganizacional y la confluencia, por momentos, de diferentes matrices político ideológicas en un espacio común.

Tanto los movimientos sociales como la teoría crítica apuntan a horizontes emancipatorios que exceden el campo de lo que hasta ahora se ha instituido como lo político, para aunar a la crítica de la economía política un proceso complejo y abierto de decolonización cultural, de cuestionamiento al modelo de desarrollo, de replanteamiento de la relación con la naturaleza, tanto la naturaleza humana como la no humana.

Pensar nuestro tiempo hoy implica avanzar política, epistemológica, ontológicamente, en vertientes creativas, interculturales, multidimensionales. En ello confluyen en las últimas dos décadas la praxis y la teoría. Si el movimiento zapatista fue pensado como el primer movimiento poscomunista, las epistemologías del sur, la hermenéutica diatópica (Santos, 2009), la transcrítica (tapia et al., 2009) podrían ser consideradas como desplazamientos teóricos que corresponden a este cambio de paradigma, donde cada vez es más evidente que la teoría social no se sostiene como mera acumulación academicista, sino como energía y fuerza orientada a la construcción-enunciación de “otro(s) mundo(s) posible(s)”.

El mundo global alter que se autoconvoca en los Foros Social mundiales, y que tiende puentes entre una diversidad importante de géneros, lenguas, colores de piel y visiones de mundo, converge en la necesidad de ir dibujando un mundo posible, poscapitalista y muy probablemente post-Estado-Nación. La red global de contrainformación es una herramienta importante en un mundo donde los medios son altamente monopolizados. La interacción informativa y el conocimiento libre son partes esenciales de la construcción de ese otro mundo posible; una nueva cultura política alterna al corporativismo, autónoma, por fuera de las vías estatalistas, impulsa sistemas de economía solidaria que incluye el comercio justo, la banca popular, las empresas asociativas, el microcrédito, dentro de una ética que poco a poco se va extendiendo.

Muchas de las experiencias de los movimientos sociales de las últimas dos décadas despliegan ciertas formas comunes, como la acción directa, énfasis en la autonomía, en la autodeterminación, en la comunalidad y horizontalidad de la representación, en la dispersión del poder. Las dimensiones de lo local son múltiples; pueden referirse a la autonomía territorial presente en una fábrica tomada, o en los caracoles y las juntas de buen gobierno zapatistas. Territorialidad de la contrahegemonía. Todas ellas son experiencias valiosas de donde hay mucho que aprender en términos del ensayo y error que implica lo que me parece estamos viviendo: un incierto y lento salto cualitativo civilizacional.

América latina presenta no sólo “bolsas” creativas llenas de resistencia, como las llama “Submarcos”, en respuesta a las bolsas de valor del sistema financiero dominante, sino también concreciones de estas resistencias en la toma del poder del Estado. es decir, en América latina se experimenta hoy día la prefiguración de un estado-nación (quizás es mejor llamarle nación (Es)tado, que al estar comprometido con la traducción de su mandato (autodeterminación de las comunidades concretas) sea por primera vez un poder central coadyuvante en la dispersión del poder, es decir, facilitador del poder (diverso) societal-comunal. Pero ese Estado también debe recorrer de manera decidida el camino de la decolonización cultural, que es el de la deconstrucción con el embelesamiento de la modernidad industrializada. es decir, un que transite de la defensa de los “recursos naturales” frente al corporativo local-global, hacia la consideración de lo que hoy llamamos recursos naturales como nuestra naturaleza no humana, pero igualmente viva y con necesidades y derechos.

ALTERNATIVAS LOCALES, IMPACTOS GLOBALES
¿Qué tanto de este nuevo imaginario de otra política, que es también otra manera de entender la vida (y de convivir con la muerte), es decir, de entender el pasado y la promesa que contiene la natalidad de lo nuevo (Arendt, 1958), decolonial, despatriarcal, intercultultural, y abierta a las dimensiones no seculares de cosmogonías no modernas, son y pueden ser recuperadas por los Estados ahí donde las luchas y movilizaciones por la representación ha fortalecido la reforma del Estado?

Una de las derivas es aquella que sostiene la centralidad productivista como motor del movimiento del capitalismo, tanto de su práctica como de su ideología. Los proyectos redistributivos eluden la crítica a esta centralidad, y proponen corregir la desigualdad social mediante un incremento del excedente que será la base de una redistribución nivelatoria. No trascienden el horizonte de formación societal productivista, y ello se constituye, a la larga, en un límite para la formación real de una síntesis societal otra, inédita hasta hoy día, poscapitalista.

Así, el proceso que estamos esperando es aquel que, por un lado, recupere la nación para sus poblaciones (es decir, nacionalice sus “recursos naturales” y los vuelva públicos revirtiendo el proceso de desposesión), pero, por otra parte, al mismo tiempo intervenga y cuestione el modelo de desarrollo del cual participa. Esa tensión inherente del poder del Estado en el momento actual no puede dejársela sólo al Estado. Por ello mismo, los representantes deben mandar obedeciendo. La soberanía es, entonces, un ejercicio constante de movilización y enunciación de ese nuevo mundo, no como cambio inmediato, eso es cierto, sino como paciente ejercicio cotidiano.

La transformación societal a la que apunto requiere de la movilización constante, así como también, de compromisos claros del Estado en su propio proceso de transformación. Se trata de que debe enfrentar fuertemente la reacción desconstituyente que los portadores de antiguos privilegios le imponen, al tiempo que debe dar paso a las formas instituyentes del poder societal que es diverso.

Lo señalado no es nuevo, repite los peligros de ciertas conformaciones históricas en nuestra cultura política latinoamericana en lo particular y moderna en lo general: la expropiación de la soberanía del pueblo por parte del Estado, la concentración del poder político, el caudillismo, el desmantelamiento y la división de los movimientos sociales por parte del Estado, sin duda.

Sin embargo, quiero pensar que hay dos componentes nuevos que marcan una diferencia: por un lado, el límite real del mundo de la vida en el presente modelo de desarrollo y, de manera simultánea, la fuerza con la que la vida hoy es entendida no como un modelo de desarrollo, sino como equilibrio consigo misma; quiero pensar que hoy día estamos mucho más cercanos a una verdad contrahegemónica, que es en sí misma holística, y que desestabiliza, tanto en el norte como en el sur, tanto en oriente como en occidente, el embelesamiento por la modernidad capitalista, sus promesas y sus dicotomías.

Una verdad que pueda sustentar el sobrepasar lo que señala de una manera muy clara es más fácil pensar e invertir más dinero e ingenio en cómo resolver la siguiente catástrofe a la cual nos lleva el capitalismo, que pensar en modificar el capitalismo mismo.

Desde muchos registros diversos, tanto disciplinarios como de movimientos sociales, caminos espirituales e incluso desde políticas de organismos internacionales, se va articulando un terreno común, me parece, y es el que apunta a recuperar el mundo concreto de la vida como centro del ordenamiento del mundo. Desde distintas experiencias de subordinación se compone de manera fragmentaria el contenido de esa forma deseada por la gran mayoría de la humanidad, y que no puede clausurar los contenidos de la emancipación, sino apenas incitar a sus formulaciones plurales.

Los horizontes posibles de transformación civilizacional desde luego se articulan de una manera central e imprescindible con el modo indio, negro, oriental, es decir, no occidental, de pensar y estar en el mundo. Pero lejos de pensar a los occidentales como entidades claramente definidas, de lo que se trata es de reconocernos todos como territorios cruzados, mezclados, ambivalentes, donde no ha enraizado del todo el desencantamiento del mundo y donde la relación intersubjetiva con el entorno emerge incluso en el marco de los procesos de autodeterminación y de gestión de la vida cotidiana.

Aprendiendo pues de las distintas experiencias de subordinación se producen recursos que sean facilitadores del advenimiento de esta nueva cultura, una que vaya domesticando poco a poco a la fuerza que nos ha domesticado a todos, es decir, al capital: porque hoy, como bien lo señalan las feministas chicanas, que reivindican la identidad liminal de lo mezclado en contradicción con lo hegemónico, de lo que se trata es de saber qué ponerle delante al dinero.

La desestabilización del sujeto universal abstracto del que hablamos, sujeto que es blanco y masculino, no se articula como el reverso identitario, no transita por un “choque de civilizaciones” que amenaza a la humanidad. No plantea “echar por la borda” al pensamiento occidental sino redimensionalizarlo, provincializarlo (como sugiere Dipesh Chakrabarty) o comprenderlo como un localismo globalizado (como plantea Boaventura de Sousa Santos). Por ello, el salto cualitativo, que da pasos hacia un nuevo horizonte civilizacional, inicia con la idea de “por un mundo donde quepan muchos mundos”, completada por la idea de que ninguno de estos mundos domine a los otros.

Ello nos llevará, con suerte, a una idea de comunidad, no porque nos “pertenezca” algo en común, algo que poseemos, sino porque común y compartida es nuestra obligación, una obligación común, un don irrenunciable, que es la responsabilidad por el otro (esposito, 2009); comunidad como “el amor por el mundo” (Arendt, 1958). Son estos los posicionamientos resistentes al “hecho” del capital. Pensando así, desde un eclecticismo radical, podemos construir de nuevo una noción de equilibrio; la que ya se asoma en los “derechos de la naturaleza”, manera propiamente moderna de restituir el encantamiento del mundo.

BIBLIOGRAFIA
Arendt, Hannah 1958 The human condition (Chicago: University of Chicago Press).

Buck-Morss, Susan 2004 Mundo soñado y catástrofe. La desaparición de la utopía de masas en el Este y el Oeste (Madrid: Antonio Machado Libros).

Echeverría, Bolívar 1995 Las ilusiones de la modernidad (México DF: UNAM/ El Equilibrista).

Echeverría, Bolívar 2006 Vuelta de siglo (erA).

Esposito, Roberto 2009 Comunidad, inmunidad y biopolítica (Barcelona: Herder).

Harvey, David 2005 “‘Nuevo’ imperialismo: acumulación por desposesión” en Panitch, Leo y Leys, Colin (eds.) Socialist Register 2004. El nuevo desafío Imperial (Buenos Aires: Merlín Press/Clacso).

Horkheimer, Max y Adorno, Theodor W. 1969 Dialéctica del Iluminismo (Buenos Aires: Sudamericana).

Santos, Boaventura de Sousa 2009 Una epistemología del sur: la reinvención del conocimiento y la emancipación social (México DF: Clacso/Siglo XXI).

Svampa, Maristella 2009 Cambio de época. Movimientos sociales y poder político (Buenos Aires: SIGLO XXI).

Tapia, Luis et al. 2009 Pluralismo epistemológico (La paz: La muela del diablo/comuna/CIDES-UMSA).

1 Fuente: El texto publicado en este Cuaderno se publicó en el tercer número de la revista Crítica y Emancipación. Buenos Aires, CLACSO, 2010 y está disponible en www.biblioteca.clacso.edu.ar.

Los Cuadernos del Pensamiento Crítico Latinoamericano constituyen una iniciativa del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso) para la divulgación de algunos de los principales autores del pensamiento social crítico de América latina y el Caribe: Ruy Mauro Marini (Brasil); Agustín Cueva (Ecuador); Alvaro García Linera (Bolivia); Celso Furtado (Brasil); Aldo Ferrer (Argentina); José Carlos Mariátegui (Perú); Pablo González Casanova (México); Suzy Castor (Haití); Marilena Chauí (Brasil); Florestan Fernandes (Brasil); Orlando Fals Borda (Colombia); Mayra Paula Espina Prieto (Cuba); Edelberto Torres Rivas (Guatemala); Carlos Tünnermann Bernheim (Nicaragua); Daniel Mato (Argentina); Hugo Aboites (Brasil); Jaime Ornelas Delgado (México); Jorge Landinelli (Uruguay); Marcela Mollis (Argentina); Pablo Gentili (Brasil); Víctor Manuel Moncayo (Colombia); Susana Novick (Argentina); Antonio Negri (Italia); Guillermo Almeyra (Argentina); Luis Tapia (Bolivia); Boaventura de Sousa Santos (Portugal), René Zavaleta Mercado (Bolivia); Enzo Faletto (Chile); Angel Quintero Rivera (Puerto Rico); Carmen Miró (Panamá); Emir Sader (Brasil); José Mauricio Domingues (Brasil); Raul Prada Alcoreza (Bolivia); François Hourtart (Bélgica); Ximena Soruco Sologuren (Bolivia); María Teresa Zegada Claure (Bolivia); entre otros.

Los Cuadernos del Pensamiento Crítico Latinoamericano se publican en La Jornada de México, en los Le Monde Diplomatique de Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, España, Perú y Venezuela y en Página/12 de Argentina.

Coordinación Editorial: Emir Sader

Clacso es una red de 270 instituciones que realizan actividades de investigación, docencia y formación en el campo de las ciencias sociales en 25 países: www.clacso.org
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martes, 17 de noviembre de 2009

El Holocausto relatado por objetos



UNA MUESTRA DE VEINTE PIEZAS QUE PERTENECIERON A SOBREVIVIENTES DE LA SHOA

El Holocausto relatado por objetos

Con la finalidad de mantener vivo el relato de la mayor tragedia del siglo XX, el Museo del Holocausto exhibe objetos donados por sobrevivientes o sus familiares: cuadernos, pasaportes, fotos y hasta una muñeca hecha con el traje de un prisionero.




“Los objetos son portadores de información y de significados. Los objetos, en su eterna materialidad, cuentan lo que la memoria no quiere o no puede recordar...” La frase sintetiza la finalidad principal de la muestra que se inauguró el sábado último en el Museo del Holocausto de Buenos Aires. A través de los veinte objetos que conforman la exposición se puede conocer e imaginar aunque sea una mínima parte de las vivencias de algunas de las víctimas de la Shoá. “Porque los objetos trascienden al hombre” y cuentan sin palabras una porción de la historia difícil de creer. Una historia. Seis millones de historias es el nombre de la muestra que reúne veinte objetos de víctimas: pasajes de barcos, cuadernos de dibujos, fotos, símbolos antisemitas, identificaciones personales, un alambre de púa del campo de concentración de Auschwitz y pasaportes que habilitaban a los sobrevivientes a ingresar al país. Pero uno de los objetos más impactantes refiere a la historia de Erica May de Salzer, una sobreviviente que durante su cautiverio en el campo de concentración de Terezin confeccionó una muñeca de trapo con la ropa de un prisionero: “Ella soñaba con entregársela a un niño –del mismo centro– a quien no vio más”, relató la directora del museo, Graciela Nabel de Jinich. La mujer murió hace dos años en Buenos Aires. Un tiempo después de su muerte, sus hijos encontraron la muñeca.

La exposición representa no sólo el período de la Segunda Guerra Mundial, sino también los meses anteriores y la etapa de posguerra. Para reconstruir el primer período antes del estallido bélico, se eligieron objetos como los cuadernos de dibujos de niños judíos de Polonia. La valija de un sobreviviente, que vivió oculto hasta finalizar la guerra tras lograr escapar en 1941 del ghetto de Kishsev, es el símbolo de la supervivencia, la liberación y el final del Holocausto.

“En la Sala de Patrimonio del museo hay unos dos mil elementos, entre ellos utensilios, documentos y fotografías, de los cuales veinte se utilizaron para la muestra”, explicó Nabel de Jinich.

Los “objetos que atravesaron la Shoá y llegaron a la Argentina”, para luego formar parte del museo, lo hicieron gracias a la donación no sólo de sobrevivientes sino también de sus familiares. “Es muy difícil desprenderse de los objetos por el recuerdo que generan”, aseguró la directora, al resaltar el valor de las donaciones, que son parte vital de la institución. Por la trascendencia de estos documentos vivientes, merecen un cuidado especial: “Todos se conservan en una caja hecha a medida, con una temperatura y una luz especial.”

Durante la noche del sábado fue exhibido un documento de gran relevancia, pero que no forma parte de la muestra: un “salvoconducto”, entregado por la Cruz Roja, que permitió al represor nazi Adolf Eichmann ingresar al país con un nombre falso. Este “pasaporte” le posibilitó vivir en la Argentina durante diez años, hasta que en 1960 un comando del servicio secreto de Israel lo llevó a su país para juzgarlo y condenarlo a muerte.

En el marco de la Noche de los Museos, la inauguración de la nueva muestra no fue la única actividad. También se proyectaron películas, se realizaron visitas guiadas y se contó con la participación el Coro del Consejo Profesional de Ciencias Económicas. Tampoco faltó el testimonio de algunos sobrevivientes, como el de Eugenia Unger y David Galante, una de las cien personas que sobrevivieron entre las 1500 que habitaban en la isla de Rodas, ubicada en el mar Mediterráneo, y que fueron trasladadas a Auschwitz.

El camino empedrado del museo conduce a una historia, relatada a través de distintas muestras que “plasman cómo desde el arte se puede ver algo tan horroroso”, sintetizó Nabel de Jinich. El primer encuentro es con “Identidad, retratos de testigos de la Shoá”, una exposición de 54 retratos de sobrevivientes residentes en el país, acompañados por sus testimonios. También forman parte del tesoro del museo la muestra “A través de los ojos de mi padre”, que consta de veinte esculturas de arcilla de la hija de un sobreviviente de Auschwitz; e “Imágenes de la Shoá”, que exhibe un recorrido histórico sobre lo que pasó antes, durante y después del Holocausto en Europa y sus repercusiones en la Argentina.

El museo tiene un “un objetivo pedagógico”, ya que es visitado por estudiantes secundarios y universitarios de todo el país, afirmó el presidente de la institución, Mario Feferbaum. Como parte de ese objetivo por transmitir estos sucesos a las generaciones actuales y futuras, se inscriben los objetos de la muestra “Una historia. Seis millones de historias”, que puede verse de lunes a jueves de 11 a 19 y los viernes de 11 a 16, en Montevideo 919.

Informe: Rocío Ilama.



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lunes, 16 de noviembre de 2009

ENTREVISTA AL ECONOMISTA ANWAR SHAIKH, PROFESOR DE LA NEW SCHOOL FOR SOCIAL RESEARCH DE NUEVA YORK



ENTREVISTA AL ECONOMISTA ANWAR SHAIKH, PROFESOR DE LA NEW SCHOOL FOR SOCIAL RESEARCH DE NUEVA YORK

“Hay que crear demanda para reactivar”

En diálogo con Página/12, afirma que la crisis no finalizó y advierte sobre la posibilidad de que exista el estallido de una nueva burbuja. Según su visión, los subsidios estatales a las empresas no sirven si antes no se impulsan medidas para la demanda.



Por Tomás Lukin

Anwar Shaikh es uno de los economistas marxistas más reconocidos del mundo. El profesor de la New School for Social Research de Nueva York, que visitó Buenos Aires la semana pasada para participar de las jornadas de Economía Política de la Universidad Nacional General Sarmiento, habla despacio y arremete con fuerza contra la teoría económica dominante. En diálogo con Página/12, remarca que la crisis no finalizó y advierte la posibilidad de que exista el estallido de una nueva burbuja. “Los mercados son dinámicamente bastante eficientes. Pero es necesario comprender que las crisis son uno de los mecanismos de su eficiencia”, apunta al criticar la visión ortodoxa que predomina en las universidades de todo el mundo, la política y los medios.

–¿Terminó la crisis?

–No lo creo. Las medidas adoptadas para evitar el colapso del sector financiero son sólo acciones de mantenimiento. En última instancia el sector financiero depende del real, y en éste hay mucho exceso de capacidad, el desempleo está en ascenso, la demanda se desploma y se retraen las exportaciones e importaciones reflejando una contracción a escala global. No veo ninguna razón para decir que la economía se recuperó. De hecho creo que la crisis volverá a golpear. Esta hipótesis la sostienen desde distintos espectros ideológicos. Hay que crear demanda, el problema es encontrar una fuente.

–¿Qué alternativas considera?

–Una posibilidad es que el Estado cree puestos de trabajo directamente. Hasta ahora inyectó grandes sumas de dinero en el sector financiero para que impulse la actividad privada. Pero los bancos no prestan porque las empresas no tienen demanda. Entonces se les dio dinero directamente a las compañías. Pero los subsidios para las automotrices tampoco llegan hasta abajo. Al no haber demanda no emplean más gente. La gente que está diseñando estas medidas es la misma que nos condujo a la crisis.

–¿Por qué si la creación de puestos de trabajo fue un tema central durante la campaña de Obama y estuvo presente en las discusiones del G-20 no se ha podido avanzar?

–Para que el Estado cree activamente nuevos puestos de trabajo se necesita un cambio político que no veo posible. Los gobiernos que están en el poder ahora son esencialmente conservadores. Son campeones mundiales del libre mercado sin visión para atacar la principal preocupación económica que es el desempleo. Políticamente el empleo está al fondo de la lista, antes están el capital financiero y el industrial. Si se puede debilitar al trabajador es mejor para los otros dos. Excepto por el pequeño problema de que no hay demanda. Además el FMI, el BM y la OMC siguen teniendo poder para castigar a los países que no siguen sus modelos, aunque éstos estén claramente errados. Se siguen comportando igual, dicen algo y hacen lo opuesto. Están pegados a un modelo económico muy conservador que se basa en una teoría totalmente fallida. Lo que hacen va a generar más problemas.

–Durante la Gran Depresión el gobierno de Estados Unidos impulsó planes de empleo como el que usted propone.

–En la década del ’30, Roosevelt tuvo un poder muy grande que le permitió avanzar inclusive contra los deseos de los sectores económicos capitalistas más poderosos. De hecho, en 1937 estos capitalistas le dijeron a Roosevelt que el gasto que estaba realizando debía parar porque estaba creando un fuerte déficit. Pero la verdadera razón era asegurarse de que los trabajadores fueran más “explotables”. Ese año el gobierno detuvo el gasto. Inmediatamente se detuvo el crecimiento y se disparó el desempleo. Esa situación se revirtió a partir de la guerra cuando volvió a crecer el gasto. Ahí los capitalistas no decían que no se vaya a la guerra, que no se gaste, al contrario, querían ir a fondo. El déficit ya no era un asunto para preocuparse. Ya no se trataba de mantener el empleo sino de expandir sus mercados.

–¿Y ahora?

–Ahora no hay ninguna guerra que pueda hacer esto.

–Estados Unidos está involucrado activamente en dos guerras.

–Que no tienen impacto en el empleo y son muy impopulares. A diferencia de la Segunda Guerra Mundial, la propaganda no ha sido exitosa. El impacto inmediato de las medidas que están lanzando profundizan la crisis hasta que los sobrevivientes aparezcan. Estamos frente a un proceso de concentración y centralización a nivel internacional que no se desacelera. Muchos bancos pequeños se están cayendo, los están dejando caer. Sólo los grandes sobreviven, e inclusive algunos cayeron.

–¿El segundo impacto sobre quiénes recaerá? ¿Los mismos bancos que tambalearon el año pasado?

–Tranquilamente puede venir desde los activos tóxicos. Estados Unidos, Japón y muchos países en Europa todavía tienen problemas. La crisis reveló que sus activos son ficticios. Pero siguen siéndolo, sólo que ahora los compró o rescató el gobierno. Esos activos estaban basados sobre proyecciones de ganancias que no existen. La pregunta es: qué pasaría si esos bancos le pusieran el valor de mercado de esos activos. Tendrían una crisis inmensa. Se convierten en “bancos zombie”, son muertos que caminan.

–¿Cómo impacta este proceso sobre la distribución del ingreso en las economías centrales?

–La desigualdad creció significativamente. Estados Unidos está más cerca de India y China que de Suecia o Dinamarca. A partir de Reagan la desigualdad comenzó a crecer dramáticamente. A medida que caían los salarios, el consumo privado se mantuvo con el crédito. Se incrementó el endeudamiento gracias a la baja en las tasas. Caía el costo del financiamiento y la duración del vencimiento del préstamo era más larga. Pero eventualmente, esto se volvió insostenible. Es como una persona teniendo un ataque cardíaco, se puede ver que viene pero no sabés cuándo. Ahora dicen que se necesita que la gente gaste más. Pero cómo van a hacerlo si están altamente endeudados. Si mañana se condonan las deudas como se hizo con los bancos, el consumo va a recuperarse.

–¿Por qué la crisis impactó más en las economías centrales que en las periféricas?

–Eso es interesante porque también sucedió durante la Gran Depresión en los ‘30. En este caso algunos países han logrado desvincularse del libre mercado. Esto lo digo en el sentido de que toman decisiones de política para prevenir el colapso financiero. Entender que el sistema opera mediante auges y crisis. No todos lo logran. Canadá sí, Argentina y Brasil también. Están haciendo más para protegerse, tranquilamente podrían haber hecho lo mismo que antes, lo mismo que los condujo a sus crisis.

–¿Por qué es tan difícil ir contra las recetas neoliberales?

–Las universidades tienen gran parte de la culpa. Formaron cuatro generaciones de economistas, empresarios, políticos y periodistas bajo la noción de que el mercado es algo que no se debe intervenir y que encontrará su camino hacia un resultado ideal. Esto es completamente errado. Las universidades tienen que cambiar, va a suceder pero va a demorar. Esa ideología no es sostenible. La vida académica cambia muy lentamente y se neutraliza fácilmente. Pero estoy convencido de que se verán cambios que vendrán por fuera de la academia, desde el sur.

–¿El dólar puede perder su rol dominante?

–No creo que esto suceda. Pero eso no significa que no pueda producirse una corrida sobre el dólar. Lo que sí podemos decir es que el euro tendrá un papel más importante como reserva de valor. Los europeos pueden no desearlo por el impacto que genera en sus balances comerciales, sin embargo también existen beneficios. El yuan no se puede convertir en reserva de valor, más allá de algunas declaraciones, ellos tampoco quieren eso. Le falta mucho para llegar a eso. Hay otros fenómenos culturales, políticos e históricos que inciden en este punto.



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viernes, 21 de agosto de 2009

Después del siglo XX: un mundo en transición, Eric Hobsbawm

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sábado, 16 de mayo de 2009

Retórica del desarrollo y colonialidad del saber

Retórica del desarrollo y colonialidad del saber



Por Walter Mignolo *

Los sucesos desarrollados alrededor de las investigaciones de Andrés Carrasco sobre el herbicida empleado en la siembra y cultivo de la soja son un eslabón de una larga cadena y una creciente tendencia de varias caras que miran en la misma dirección. Las investigaciones de Carrasco ponen de relieve un principio general de la economía llamada capitalista. En ella, todo se somete al aumento de producción y de las ganancias, no importa quién caiga. Como el fin son las ganancias, el fin justifica los medios. Esto fue así desde el comienzo histórico del capitalismo en el siglo XVI, cuando la trata de esclavos hizo que las vidas humanas fueran desechables en pos de la producción, la acumulación y las ganancias.

Ese principio se ha generalizado de tal manera que, curiosamente, el director del departamento de estudios de las religiones en la Universidad de Columbia, Mark Taylor, publicó un artículo hace un par de semanas en el New York Times, titulado “El fin de la universidad como la conocimos”. Compara la universidad actual con el colapso de Wall Street y de la industria automotriz en Detroit: sistemas ya fuera de funcionamiento que necesitan remozamiento y regulación. La universidad –argumenta– necesita remozamiento y regulación. Uno de los lastres que carga es haberse convertido en centros de investigación y docencia alejados de los problemas actuales de la sociedad. Hasta ahí estamos de acuerdo. El filósofo jamaiquino Lewis Gordon adelantó argumentos semejantes hace un tiempo describiendo esta situación como una “decadencia disciplinaria”, que pone la ortodoxia del método en primer lugar y los problemas en segundo. El método precede y supera al problema.

¿Qué propone Taylor? Plantea que en vez de la organización actual en departamentos disciplinarios se organicen unidades de investigación en torno de problemas urgentes. El problema del agua, por ejemplo. Ahora bien, como la describe Taylor, la investigación creativa en torno del problema del agua estará guiada por dos tipos de intereses. Una vertiente es la de las corporaciones que ya hicieron del agua una mercancía. La investigación en esta orientación tendrá primero el ojo puesto en las ganancias, en cómo se puede hacer más dinero con la comercialización del agua. Usará la retórica del progreso y el desarrollo sustentable, sin duda. Otra vertiente es la que defiende Vandana Shiva en su libro Las guerras del agua: investigaciones creativas para revelar los subterfugios de las corporaciones interesadas en las ganancias y la mercantilización del agua, no en la vida. La mercancía-agua viene primero, después se verá cuántos la pueden comprar y cuánto adelantan los inversores de Bolsa para incrementar el precio del agua a futuro.

La visión de la universidad futura que propone Taylor coincide con el enunciado de una circular lanzada por los organizadores del Foro Universitario Mundial que se hará en Davos en 2010: “Una de las paradojas de nuestro tiempo es que el pensamiento más creativo proviene más de las empresas, los políticos y los líderes sociales que de la academia. El Foro Universitario Mundial se ha creado en la creencia de que hay una necesidad urgente para los académicos de conectarse más directa y arriesgadamente con las cuestiones fundamentales de nuestro tiempo. De la misma manera en que el Foro Económico Mundial se ha forjado un rol de liderazgo global para los políticos, los empresarios y los líderes sociales”. En este párrafo se asume que hay un solo tipo de creatividad, la creatividad positiva para el desarrollo. No se tiene en cuenta, por cierto, la creatividad investigativa que pone de relieve lo que la investigación positiva oculta (como los casos de Andrés Carrasco o Vandana Shiva). La filosofía que subyace en la organización del Foro Universitario Mundial es la creatividad para el desarrollo. La misma creatividad que desembocó en el derrumbe de Wall Street.

Lo que necesitamos es otro tipo de creatividad: respuestas como las que ha dado la comunidad académica en Argentina ante el “affaire Carrasco”. Oponerse al proyecto de Davos es sólo una parte y quizá mínima del problema en vista a la tarea de construir futuros globales comunales, no capitalistas. Es necesario trabajar creativamente en opciones descoloniales (en vez de reproducir y remozar las opciones desarrollistas) del saber y la investigación, con miras a la creación de futuros globales comunales (ya no la universalidad capitalista ni la comunista, hermanas gemelas de la Ilustración). La ecuación desarrollo/libertad es cada vez menos evidente. Tal creatividad tendrá que comenzar a partir de horizontes en los que ya no será posible por puro sentido común ni aun para los propios terratenientes argentinos ni para la propia Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes, aceptar acciones devastadoras como las de Monsanto y corporaciones semejantes. Los organizadores del Foro en Davos tendrán que advertir que están azuzando el fuego de una carrera hacia la devastación. El problema ya no es declararse anticapitalista. El problema es de vida o muerte si el capitalismo se reconstruye después de su propio intento fallido de suicidio. El problema fundamental del capitalismo es haber generado sujetos moldeados por el éxito y el éxito por las ganancias, y la felicidad por la posesión de objetos. Subjetividades de muerte bajo la convicción (o la mala fe) de ser generadores de vida y de bienestar.

* Director del Centro de Estudios Globales y Humanidades de la Universidad de Duke (EE.UU.).



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miércoles, 8 de abril de 2009

EE UU y la UE han inyectado ya seis billones en el sistema financiero

El Congreso estadounidense asegura que los planes de ayuda han tenido un éxito "mixto". -La UE admite que queda por limpiar los balances de los bancos


AGENCIAS / ELPAÍS.com 08/04/2009


Seis meses después de la cumbre del G-20 de Washington que acordó la puesta en marcha de planes de estímulo fiscal para superar el deterioro económico, llega la hora de hacer balance. En total, los dos principales actores de la crisis, Estados Unidos y la Unión Europea, han inyectado a los mercados financieros seis billones de euros a partes iguales, cifra que representa casi la mitad del PIB de EE UU y algo más de cinco veces el de España, según los datos del FMI. No obstante, a pesar de que se trata de un desembolso sin precedentes en la historia moderna, sus resultados no han sido del todo satisfactorios en la medida en que los problemas de liquidez y desconfianza siguen presentes a la espera de que las entidades se deshagan de sus activos tóxicos, valorados por el FMI en otros tres billones.

http://www.elpais.com/articulo/economia/EE/UU/UE/han/inyectado/billones/sistema/financiero/elpepueco/20090408elpepueco_8/Tes



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viernes, 27 de marzo de 2009

Historias bélicas de niños viejos

Un viaje, en forma de libro, a las vivencias infantiles de la Guerra Civil y el exilio
TEREIXA CONSTENLA - Madrid - 27/03/2009


La guerra pone las vidas patas arriba. Los niños se comportan como viejos y los viejos pueden parecer niños. Margarita García Zornoza (Madrid, 1935) se camuflaba en los portales donde las estraperlistas de cabezas rapadas vendían aceite y pan de contrabando y desplegaba todas las tácticas de contravigilancia de las que era capaz. "Tenía 8 años, pero uno deja de ser niño bajo esas circunstancias. Yo soy más niña ahora que nunca", aclara.

Margarita García no reconoció a su madre en 1943. Le pareció "una bruja"

Entre 1936 y 1939, murieron 414.000 menores por diferentes causas

Demasiado pequeña para recordar la guerra, que pasó en Murcia con sus abuelos maternos, rememora nítidamente aquellas sesiones de mercadeo clandestino donde las estraperlistas le contaban las vejaciones que sufrían cada vez que eran detenidas durante la posguerra: "Les daban aceite de ricino a litros, les cortaban el pelo, las maltrataban y abusaban de ellas". Revive también el día de 1943 cuando "una bruja depauperada" intentó besarla y ella se negó. Era su madre, una republicana enferma y debilitada por las miserias de dos guerras consecutivas -la española y la mun-dial-, que retornaba de Francia gracias a los auspicios de la Cruz Roja Internacional. Volvía para morir. Pero no lo hizo. Se recuperó y en el 45, emocionada con el final de la guerra, marchó de nuevo a Francia con sus dos hijos usando un extraño pasaporte, que sólo le autorizaba a salir de España y no a regresar.

Por la infancia francesa de aquella niña de la guerra que fue Margarita Zornoza pasó Jorge Semprún, amigo de la familia, cuando era Federico González. Tras una nueva mudanza a Venezuela, a los 24 años descubrió que su padre no había desaparecido durante la guerra civil al leer en una revista que triunfaba en la radio y la televisión de Perú. Luciano García había sido uno de los 13 refugiados en la Embajada de Chile en Madrid en 1939, que abandonó hacia el exilio tras la mediación de Pablo Neruda. Margarita Zornoza tardó décadas en reencontrarle pero fue más afortunada que los que perdieron a sus padres.

Los niños, como ella, son también blanco de las bombas y de la propaganda en las guerras totales -y la española lo fue-. La historiadora Verónica Sierra (Guadalajara, 1978) ha rastreado en las vivencias infantiles durante la Guerra Civil y la posguerra en Palabras huérfanas (Taurus). Desmonta de entrada una errónea creencia: los niños soldado no son una anomalía moderna inventada en África. La historiadora recuerda que Garibaldi reclutó menores de entre 12 y 15 años y que Napoleón alistó adolescentes. España también tuvo sus niños soldado: la quinta del biberón, formada por jóvenes alistados con menos de 18 años, diezmada en la batalla del Ebro.

En los tres años del conflicto murieron por diferentes causas 414.000 niños, según cifras de Ramón Salas Larrazábal. Otro grupo herido por la historia fue el de los 30.000 evacuados hacia otros países (Francia, Reino Unido, Bélgica, Suiza, Dinamarca, Rusia y México) para librarse de los horrores bélicos. El hambre era uno de ellos. Eso explica las permanentes referencias a la comida que hacen los niños en las cartas que envían a los familiares que dejaron atrás. Eso explica el gesto de Laura García Pindado, que incluyó migas de pan en una carta desde Rusia dirigida a sus tíos. "Te mando unas miguitas de pan blanco, que en la de mi mamá no me he acordado", anotó en la parte interior del sobre.

Un gesto pueril y solidario que conmovió a la historiadora mientras preparaba el libro, que reconstruye historias de niños a partir de cartas, diarios, cuadernos, redacciones o dibujos. No fue el único que la sobrecogió. Las cartas de súplica firmadas por pequeños que desean averiguar el paradero de sus padres. Algunas de las cuales, según descubrió Sierra, jamás llegaron a su destino.
El 5 de febrero de 1938, Ignacio Ruano escribió: "Apreciable camarada Joaquín Bustos: la presente es para decirle en nombre de un niño español que se halla en Rusia por causa de la guerra de España, tuve que desalojar y llevamos un año en Rusia del cual no he podido hallar el paradero de mis padres, y deseo que ustedes podrán encontrarles. Mi madre se llama Magdalena Pajares. Mi padre Daniel Ruano y un hermano de 16 años, Alejandro Ruano".

La tercera historia que escoge la historiadora es la de una niña evacuada a Francia que se encuentra que la colonia infantil no es tal y escribe a sus padres rogando que la rescaten cuanto antes. Consciente de que eso, con la que está cayendo, tal vez sea una petición imposible, acaba pidiendo papel, lápiz y sellos para, al menos, garantizarse la comunicación con la familia.


Juego de moda: fusilar

El libro de Verónica Sierra refleja también la capacidad infantil para remontar traumas e integrar el horror en su cotidianeidad, como descubrió el general Mola, uno de los sublevados, en agosto de 1936 y anotó en su diario: "Me ha chocado el juego que se llevaban unos chiquillos. Dos de ellos iban con escopetas de juguete. Los demás cogían a otro prisionero y lo conducían ante los armados. Éstos le gritaban al preso: '¡Viva España!, ¡viva España!', y como el preso no contestara (el juego era no contestar), los de las escopetas apuntaban y el pelotón imitaba el fusilamiento". Debió ser un juego de moda porque también lo captó la cámara del fotógrafo Agustí Centelles. La infancia fue además un arma de la guerra propagandística. El Gobierno republicano organizó evacuaciones para poner los niños a salvo y aireó imágenes de escuelas bombardeadas por la aviación franquista. Por parte franquista, la salida de menores se atacó como un "robo" y su vuelta a casa se consideró una acción estratégica, aireada en carteles como el siguiente: "La España rota y roja te arrebató ese hijo. La España de Franco te lo devuelve. Ellos y nosotros cumplimos nuestros designios diversos. Ellos destruyen la familia. Nosotros edificamos la sociedad sobre ella".

http://www.elpais.com/articulo/cultura/Historias/belicas/ninos/viejos/elpepucul/20090327elpepicul_1/Tes


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sábado, 7 de marzo de 2009

Las crisis reales y las crisis canallas

Por Sandra Russo


“Los millones que Occidente está volcando para salvar sus instituciones financieras no sirven de nada frente a una crisis mucho mayor: hay mil millones de personas al borde de la muerte por inanición. Esa es la crisis verdaderamente grave, y ese dinero no hace nada por ellos. Curiosamente, no lo he leído en un periódico americano, sino en uno de Bangladesh.” Esto es blanco sobre negro. Es una reflexión que vertió el lingüista Noam Chomsky en una entrevista publicada esta semana en El País. Mil millones de famélicos no constituyen una crisis en el mundo global. La globalización los fabricó, los asimiló y los naturalizó. Los parámetros con los que se evalúa qué tal anda el mundo dejan afuera el hambre, mientras tiemblan con las hipotecas. Si a la situación actual se la define como crítica, es porque los que entraron en crisis son los incluidos. Los excluidos va de suyo que no deben soportar ninguna pérdida más que la de la propia vida, porque no tienen más que eso.


El diario El País, que hace tiempo se inclina a la derecha, presenta a Chomsky como “uno de los intelectuales más conocidos y mejor valorados fuera de su país”, pero también lo salpica con dos adjetivos poco inocentes: “sempiterno idealista”. De modo que lo que diga el autor de Los guardianes de la Libertad, entre tantas otras obras que desnudaron la manipulación capitalista del sujeto, será leído como el pensamiento de un idílico defensor de las causas perdidas.

Todavía trabajando en su vieja oficina del MIT (Massachusetts Institute of Technology), Chomsky acaba de cumplir sus 80. Aunque ya se jubiló, sigue yendo diariamente al Departamento de Filosofía y Lingüística, donde una foto de Bertrand Russell preside su despacho. Chomsky fue una de las pocas voces con reflejos para criticar el silencio del nuevo presidente norteamericano ante el primer conflicto internacional que hacía necesaria una posición: el ataque israelí a la Franja de Gaza. Pero como él mismo explica, a pesar de que Estados Unidos puede efectivamente ser considerado un país con una gran libertad de expresión, “la libertad tiene muchas dimensiones y otras formas de control, por ejemplo, a través del impacto de la concentración de capital. Por eso usted verá mis artículos en diarios de Johannesburgo, pero nunca en The New York Times”.


Este hombre que vive y piensa en Estados Unidos no es influyente en su país. El aparato mediático privado pero oficial se ocupa de que él escriba y diga lo que quiera, pero también de que esas opiniones queden en la esfera de los que desean lo imposible. Porque sostener que el mundo vive una crisis porque alberga a mil millones de hambrientos es, para ese aparato de poder, una tontería bienintencionada dicha por un “sempiterno idealista”, un dúo de palabras neutralizadoras que bajan de antemano la tensión de las palabras de Chomsky.

A nadie se le hubiera ocurrido tomar medidas drásticas contra el hambre. También es de pueriles y bienintencionados hablar de “seguridad alimentaria”, una noción que manejan los organismos internacionales como la FAO, pero que no operan sobre la realidad ni sobre los gobiernos. Mientras sean los excluidos los que pierdan la vida, no pasará nada. El problema es cuando los incluidos comienzan a perder sus bienes.

El periodista le comenta que para los políticos norteamericanos ya no es el terrorismo “la mayor amenaza mundial, sino la inestabilidad provocada por la crisis”. Y Chomsky replica qué sentido le dan los políticos norteamericanos a la palabra “estabilidad”: la subordinación a Estados Unidos. Quizá a eso se haya referido el jefe de la CIA cuando incluyó en su lista de países con riesgo de inestabilidad a Venezuela, Ecuador y la Argentina. “¿Qué ha hecho Obama para lidiar con la amenaza? Rodearse de gente que contribuyó a crear esta crisis, como Timothy Geithner, Laurence Summers, los banqueros, y encontrar una fórmula para rescatar el sistema que ellos mismos dominan y controlan.”

Otro cuadro cuelga en el despacho de Chomsky en el MIT: una imagen del ángel exterminador junto al salvadoreño cardenal Romero y los seis jesuitas que fueron asesinados con él en los ’80 por escuadrones de la muerte. “Uno de mis fracasos es que ningún norteamericano sepa qué significa ese cuadro.” Nunca lo sabrán. No saben lo que no les importa. No lo quieren saber. Así como los que en este país han reflotado el asunto de la pena de muerte. No quieren saber de la inseguridad de los otros, sólo de la propia y la de quienes se les parecen.

Esta semana, la farándula ha sido muy tenida en cuenta en los programas periodísticos. Moria Casán, Sandro, Carmen Barbieri y otros tantos con menos taquilla han salido a “sincerarse” y a “decir lo que piensa el pueblo” (como dijo Susana Giménez, a quien cuesta imaginársela sin atavío animal print y muchísimo más caminando por alguna calle de tierra). Moria Casán supo decir que no quiere ver pobres porque le descompensan la energía. Usan autos blindados y vidrios polarizados. No toleran que el barro salpique las burbujas de jabón líquido que son sus vidas. Pero, por lo visto, son perfectamente capaces de crear microclimas cuando los monopolios mediáticos abogan por el agite y por el “así no se puede seguir”.

El hambre sigue siendo un crimen todavía más flagrante en el país, cuya dirigencia rural es arengada por la oposición para que no acuerde, para que no pacte, para que no se calme. Hay crisis reales invisibles, y crisis talladas a la medida de unos cuantos canallas.
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